Los 10 mejores bajistas de la historia

Probablemente el bajo sea el instrumento más infravalorado de la historia. Ya sea en jazz, country, soul, rock y todos los estilos que se nos ocurran. Baste un tonto experimento: eliminar los bajos de una canción en un reproductor implica desnudar la canción. Por eso esta lista de los 10 mejores bajistas de la historia tiene un afán reivindicativo.

De nuevo, disculpas por todas las exclusiones. Ya las pedimos en anteriores listas como las de mejores canciones, mejores discos o mejores guitarristas de este blog.

Paul McCartney, un bajista con el sonido Beatle

Somos conscientes de las omisiones de Rick Danko, Carl Raddle, Leland Sklar, Garry Tallent, Ron Blair, Willie Weeks, Tim Drummond, Randy Meisner, Doug Haywood, Jaco Pastorius, John Paul Jones, Jack Bruce, Pino Palladino, Stu Cook, Chuck Rainey, Bruce Thomas, Tony Levin, Berry Oakley y muchos más. Todos ellos aparecen en la más ambiciosa y exhaustiva lista de Bass Player.

Para confeccionar esta lista y ofrecer argumentos de peso contamos esta vez con Germán Salto, de Salto, un tipo que aprendió de los mejores. Y siempre con pasión.

1. James Jamerson: el genio escondido de Motown, quizá el mejor bajista de todos los tiempos

Motown no incluyó los créditos de sus discos hasta 1971 y por eso muchos no supieron el nombre que se escondía detrás de tantos y tantos éxitos del sello. Fue todo un revolucionario, capaz de llevar el ritmo como un reloj y al tiempo crear unas líneas melódicas inigualables. Merecedor de estar en lo más alto de cualquier ranking de los mejores bajistas de la historia.

«Quizá el más famoso de los Funk Brothers de Motown, uno de los responsables de ‘desestandarizar’ las lineas de bajo o incluso el concepto de lo que el instrumento debía hacer en una canción. Procedente del jazz, era capaz de construir melodías paralelas a las de la canción con imaginativas particularidades rítmicas que no sólo no desviaban la atención, sino que además dotaban a ésta de una dinámica especial que fluía con gran naturalidad», analiza Germán Salto.

2. Paul McCartney: el bajista más singular del pop, arquitecto del «sonido Beatle»

Pocas presentaciones merece «Sir Paul». Si acaso, resaltar lo asombroso que resulta ver hasta dónde llevó el instrumento un perfecto autodidacta. El «sonido Beatle» se debe entre otras muchas cosas, a su inventiva y osadía con el instrumento.

Así lo entiende Germán Salto: «Mientras la mayoría de bandas contrataba músicos de estudio en las sesiones de grabación, McCartney no sólo estaba componiendo canciones como «Penny Lane», «She’s Leaving Home» o «Here, There & Everywhere», sino que estaba haciendo historia como uno de los bajistas más estremecedores y creativos del mundo. Capaz de llevar el peso total de la canción («Taxman», «Rain», «Come Together» o «Paperback Writer»), también lo era de destacar con belleza encontrando los espacios justos y necesarios».

3. Donald «Duck» Dunn: de Otis Redding a Neil Young, la clase llevada al manejo del bajo

No había un tipo tocando el bajo con más clase que este. Él ayudó no solo a definir el «sonido Stax«, sino que lo supo llevar más lejos adentrándose en terrenos como el country, el pop o el rock and roll. Pegado a su pipa, en cada canción dejaba su inmarchitable sello. Otro imprescindible en una lista de los mejores bajistas.

Para Germán Salto: «Una leyenda del sonido del soul de Memphis. No solo como miembro de The Mar-Keys o Booker T & The MG’s, sino en muchas de las obras cumbre de Stax, como pueden ser ‘In The Midnight Hour’ de Wilson Pickett, ‘Respect’ de Aretha Franklin, ‘Hold On, I’m Coming’ de Sam & Dave o ‘Sitting On The Dock Of The Bay’ de Otis Redding. Más adelante incluso grabó su característico sonido (fiel a Fender) con Bob Dylan, Jerry Lee Lewis, Eric Clapton, Neil Young, John Fogerty o John Prine. No se puede añadir mucho más, sólo queda escucharle y entender por qué siempre ha de estar en una lista de los mejores bajistas de la historia como esta».

4. Carol Kaye: o cómo llevar el jazz a una canción de pop, una bajista de leyenda

Aprendió jazz con su guitarra y terminó aportando tremendas figuras con su característico sonido a grandes éxitos del pop, rock y soul. A sus espaldas quedan más de 10.000 sesiones de grabación en cuatro décadas. Una bajista de leyenda. Un ejemplo: su participación en el otoñal «Bookends» de Simon & Garfunkel.

«Si hiciéramos una selección de hits grabados en Los Ángeles entre 1962 y 1972, con total seguridad encontraríamos miembros de la Wrecking Crew interpretándolos, aunque no acreditados. Kaye comenzó sus andaduras como músico de sesión ni más ni menos que grabando guitarras para Sam Cooke. Como bajista destaca por lo creativa y reconocible, especialmente por los dibujos que se le ocurrían o por su característico sonido de púa«, explica Germán Salto.

5. John Entwistle: uno de los mejores bajistas de la historia, uno de los mejores músicos de todos los tiempos

The Who fue una banda de virtuosos, pero sobre todo de músicos tremendamente imaginativos y arriesgados. A la cabeza estaba John Entwistle, el único del grupo que tenía una formación musical de academia. Poseedor de un carácter muy afable, supo entregar su talento a las habilidades compositivas del gigantesco Pete Townsend.

Así lo ve Germán Salto: «Cualquier miembro de The Who podría aparecer en una lista de los top 10 en lo suyo, aunque si hay uno que genera menos dudas es el gran Entwistle. Además de virtuosismo, hablamos de un músico que encontraba la frecuencia perfecta para atravesar el estruendo de los guitarrazos de Pete Townsend y el caos controlado de las baterías de Keith Moon para poder ser parte básica del sonido de la banda. Como bien dijo él, su forma de tocar nace de adaptarse al sonido del resto del grupo. Poco se puede objetar a sus cualidades o velocidad y en cuanto al estilo, se trata de un bajista que más que apoyar y aguantar el peso de la canción intenta liderarla».

6. Larry Graham: el (casual) inventor del slap

Desarrolló su técnica de dedos de la forma más casual: un buen día se le estropeó la guitarra y, hasta que la arreglara, decidió entretenerse tocando el bajo con el pulgar, ya que como era algo temporal no quiso dedicar tiempo a aprender la técnica de dedos típica de bajista. Según iba mejorando, y al no tener batería en la banda en aquel momento, empezó a aporrear las cuerdas con fuerza para obtener ese elemento percusivo usando el pulgar como bombo y el índice como caja. Y prácticamente éste es el resumen de la historia de cómo Larry Graham inventó el slap.

«Un auténtico virtuoso con mucha clase que, sobre todo en los discos de Sly & The Family Stone o Graham Central Station, te puede hacer bailar enloquecido. No hay más que escuchar ‘Thank You’ o ‘Dance To The Music’, de los primeros, o ‘Hair’, ‘The Jam’ o ‘Pow’ de los segundos, que al ser una banda liderada por él mismo estaba más orientada a su buen hacer en el bajo», advierte Germán Salto.

7. Phil Lesh: la quinta dimensión del bajo

Otro de los mejores bajistas de la historia, un hombre que se unió a Grateful Dead sin un especial gusto por el rock and roll. Entonces lo que le iba era la psicodelia. Amante de la música clásica, y aunque parezca mentira, en su obra se aprecia nítidamente su amor por Bach, Mozart y Beethoven.

«Un bajista muy melódico, que huía de las repeticiones y que tenía presentes todos los cambios en la armonía que podían suceder en la improvisación, por lo que escuchándole da la sensación de que estuviera jugando y exigiendo al resto de miembros de la banda la máxima atención. Cualquier grabación, especialmente en directo, de Grateful Dead es una demostración de cómo ‘viajar‘ dentro de una canción, siendo Lesh uno de los que más experimenta, arriesga y estira la cuerda pero aterrizando siempre en su sitio y momento», analiza Germán Salto.

8. Jerry Scheff: o cómo convertirse en uno de los mejores bajistas de la historia desde su sobriedad

Muchas veces, menos es más. Eso lo sabe bien el gran Jerry Scheff, uno de los miembros fundadores de la TCB Band de Elvis Presley, algo que parece hacerle sombra al resto de su carrera. Pero cómo olvidar sus trabajos en el monumental «L.A. Woman» de The Doors o de sus trabajos con Elvis Costello, Roy Orbison, Richard Thompson, Bob Dylan, Johnny Cash y muchos más.

«Bajista sobrio y elegante, que proviene del contrabajo y del jazz, y cuya curiosa técnica se basa en que toca sólo con el dedo índice. En cuanto al sonido, llama poderosamente la atención que es (si se permite el término) muy ‘responsivo’. Esto es, manda su sensibilidad a la hora de tocar: cálido cuando lo hace flojo y crujiente y distorsionado si tiene que apretar», describe Germán Salto.

9. Geezer Butler: el exceso convertido en virtud

El bajista de Black Sabbath, cambió definitivamente la guitarra por el bajo cuando escuchó lo que era capaz de hacer Jack Bruce con Cream. Gente como Metallica o Les Claypool le citan como una de sus grandes influencias. Ah, y poseedor de un tremendo ingenio, era el mejor letrista de los Sabbath.

«Lo que realmente llama la atención es el sonido que consigue sacarle al bajo, su forma de atacar al instrumento consiguiendo sacarle ese rugido. Con una gran técnica, tanto de dedos como de púa. Además del buen uso de los pedales y diversas afinaciones, suele tocar sobre la pastilla del mástil, consiguiendo así ese tono sólido y profundo que creó escuela en los bajistas de siguientes generaciones de hard-rock o metal», detalla Germán Salto.

10. Joe Osborn: la belleza llevada al bajo

Osborn puede presumir de haber pertenecido a la mítica Wrecking Crew de Los Ángeles y al A-Team de Nashville. Casi nada. Trabajó, entre muchos otros, con Ricky Nelson, Simon & Garfunkel, The Carpenters, The 5th Dimension o The Mamas & The Papas. Y participó como bajista en un total de 35 números 1 de la música country en los años 70. ¿Casualidad? En absoluto, por eso es uno de los mejores bajistas de la historia.

«Es el bajista que cualquier compositor quiere trabajando en una de sus canciones ya que su mayor virtud es que toca por y para la canción, siendo capaz de entenderla y mejorarla acompañando muy bien las dinámicas, dibujando bonitas lineas, con un sonido perfecto según lo que la canción pida y sabiendo exactamente cuándo encontrar, si es necesario, un hueco para que él asome y te parta el corazón», concluye Germán Salto.